Una migración bien hecha no se nota: la web carga igual o mejor, los formularios siguen llegando y las páginas que ya tenían visitas desde Google mantienen su sitio.
Para conseguirlo, el trabajo empieza antes de mover nada. Hago un inventario de URLs, reviso qué páginas reciben tráfico, qué integraciones hay (formularios, correo, analítica, pagos) y qué puede romperse por el camino.
Después monto la web en un entorno de pruebas, la comparo con la original y solo cambio el DNS o publico cuando todo está revisado.